La crisis política y sus oportunidades


La trama de la actual crisis política que vive el gobierno de Guatemala ha tomado un interesante giro, y las consecuencias han sido tanto negativas como positivas. En el fondo considero que el momento representa un importante punto de inflexión que espero que nosotros como ciudadanos podamos capitalizar.

Antes que nada debo decir que es impresionante el rol que las nuevas tecnologías han jugado hasta el momento en la coordinación de esfuerzos entre diversas personas para manifestar su descontento por la situación. En este caso resulta doblemente importante, ya que las manifestaciones se han dado de manera espontánea y han incentivado a nuevos grupos, que hasta el momento se habían mantenido al margen de la situación política, a participar activamente en la exigencia de justicia.

Resulta un tanto irónico que muchos de los sectores que forman parte del movimiento de manifestación, los mismos que criticaron duramente a la CICIG cuando se discutia la posibilidad de su implementación en el país, son los que en este momento exigen su involucramiento en las investigaciones, ya que parece ser la única institucion que cuenta con un cierto grado de confianza y credibilidad dado el precario estado de nuestras instituciones de justicia.

Hasta el momento, las manifestaciones de protesta en contra de Colom han ido sumando seguidores y poco a poco van tomando un rumbo mas serio, especialmente mediante la utilizacion de canales legales (y no la violencia) como punto de partida para hacer prevalecer sus exigencias.

Sin embargo debemos reconocer que el descontento por el escándalo se ha limitado a ser un fenómeno netamente urbano (específicamente capitalino), lo cual nos muestra la gran ruptura que aún existe entre la capital y el interior del país.

Del lado negativo cabe destacarse la estrategia de respuesta por parte del gobierno, la cual ha sido fatídica.

La movilización de personas en apoyo al presidente, las conferencias de prensa, las entrevistas en medios internacionales, la inconsistenciia en sus declaraciones, la manipulada propaganda gubernamental y las incoherentes acciones del presidente, lejos de lograr calmar la situación, han generado una mayor molestia entre la población y solo han puesto en evidencia la precaria situación de la figura presidencial.

El hecho de acusar a las manifestaciones espontáneas de obedecer a intereses de destabilización y el intentar convertir un tema de exigencia de justicia, en un enfrentamiento de clases, ha sido un golpe bajo y debo reconocer que estoy realmente decepcionado de la inmadurez política del presidente y sus allegados por no reconocer sus debilidades y tratar de aferrarse al poder a toda costa, en vez de buscar garantizar la institucionalidad del Estado y la democracia.

Ciertos medios de comunicación también han jugado un papel nefasto por omisión. La cobertura que han dado al escándalo ha sido mínima y parecen “ignorar” que nos encontramos en medio de una grave crisis política.

No es para nadie una revelación el rol determinante que los medios juegan en la formación de la opinión y el establecimiento de la agenda pública. Y su accionar hasta el momento, solo pone en evidencia algo por todos sabido: el poder que existe en Guatemala de manipular las noticias para omitir selectivamente ciertas noticias “inconvenientes”.

En última instancia espero que todo esto nos sirva de lección y de aprendizaje como sociedad.

Realmente espero que este movimiento se logre consolidar y entienda que el problema de fondo no consiste simplemente en la figura presidencial, sino que existe todo un marco legal e institucional viciado que no permite el efectivo funcionamiento de la justicia en el país.

Espero que así como las nuevas tecnologías han facilitado la coordinación entre personas para unificar esfuerzos, también éstas sean utilizadas para el surgimiento de espacios de discusión e intercambio de ideas, de los cuales puedan salir propuestas concretas sobre como podemos mejorar nuestra democracia.

Sería interesante que también en las manifestaciones se hiciera presión al Congreso para la aprobación de la ley de comisiones de postulacion y otras leyes de interés para fortalecer el sistema de justicia y que finalmente podamos reaccionar como país y como sociedad, logrado establecer ciertos consensos mínimos (pero tan necesarios) que nos permitan salir de esta inercia que por tanto tiempo nos ha mantenido estancados.

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