y los datos?


De regreso con el posteo nuevamente, después de algún tiempo de ausencia.

En estos últimos días me he dedicado a seguir el debate en torno a lo que sucede en el acontecer político y económico del país. Sin embargo, más allá de la coyuntura, tengo una preocupación que últimamente ha estado dando vueltas en mi cabeza y quiero aprovechar el espacio para tratar de darle forma.

Un simple vistazo a las columnas de opinión que se escriben a diario en los periódicos del país basta para encontrar una preocupación que une a los columnistas sin importar sus diferencias: Guatemala se encuentra mal, tenemos muchos problemas y creo que basta hechar un vistazo a la realidad para darnos cuenta de que es una preocupación muy válida.

De tal cuenta, el debate nacional, sus distintas corrientes de pensamiento y las personas que participan de esa discusión, coinciden en lo mal que estamos como país. Sin embargo, aparentemente existen visiones diametralmente opuestas al respecto de las causas de nuestra situación.

No se si exagero un poco, pero he percibido una creciente polarización de nuestra sociedad, iniciando con el caso Rosenberg, y sumandose a lo sucedido en Honduras, los “formadores de opinión” van tomando posiciones cada vez más divergentes y se va volviendo cada vez más dificil encontrar los puntos comunes.

Realmente considero que lo que este país necesita es menos polarización ideológica y mayor convergencia en espacios comunes de ideas, que permitan consensuar una visión de largo plazo sobre lo que queremos para nuestra sociedad, que nos permita salir de este estado permanente de estancamiento que cada vez pesa más.

Y creo que ello pasa por un elemento que ha estado ausente en todas las discusiones hasta el momento: los datos.

Me explico:

Los datos, las estadísticas, los números, son vitales para comprender que es lo que pasa en el país. Ellos nos permiten seguirle el pulso a los avances y retrocesos de nuestra sociedad, de las políticas impulsadas por el Estado, a la mejora o desmejora de nuestras condiciones de vida y más importante aún, nos pueden permitir generar proyecciones a futuro sobre los posibles escenarios, de acuerdo a las distintas decisiones que podamos o no tomar.

Lastimosamente, las discusiones parecen girar (viciosamente) en torno a opiniones sin fundamento, acusaciones de unos grupos a otros, recriminaciones, rencores, etc. y nunca en torno a datos, estadísticas y propuestas concretas. Lo peor es que ello no solo ocurre a nivel de la opinión, también se manifiesta en las discusiones en el Congreso y en instancias gubernamentales al tratar sobre temas trascendentales para la sociedad.

A manera de ejemplo, me llama la atención el “debate” que se ha generado en torno a los tímidos esfuerzos del gobierno por impulsar una “reforma fiscal”. Desde un inicio, la palabra reforma fiscal en sí parece obligar a los actores a tomar posiciones en pro o en contra (nuevamente de manera no fundamentada), pero nunca a lo largo de la discusión escuché un argumento sobre las implicaciones de la política fiscal para el país, las proyecciones de crecimiento, las cifras que ello representaría, las necesidades de fortalecimiento del estado.. el resultado: ver aquí.

Entre más vueltas le demos a la misma discusión sin sentido, más tiempo nos quedaremos rezagados en encontrar una verdadera estrategia de desarrollo para el largo plazo. Desafortunadamente el costo social es demasiado alto, aparentemente ninguna de las partes parece darse cuenta de ello.

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