Cobros por emisión de CO2

lufthansa-airlines

Hoy encontré esta noticia en el DF:

La polémica decisión de la Unión Europea de imponer un recargo a las emisiones de carbono para la industria de las aerolíneas entró en vigor ayer y ya está teniendo sus primeros efectos prácticos.

Lufthansa, el mayor operador aéreo de Alemania, anunció que traspasará a los usuarios los mayores costos estimados, en 130 millones de euros (US$ 180 millones), a través del recargo por combustible.

La aerolínea se convirtió así en la primera a nivel mundial en dar detalles sobre cómo espera afrontar una medida que se espera provoque millonarias pérdidas en la industria.

(Antes de comentar, un punto: de la teoría económica básica, sabemos que independientemente a quien se imponga el impuesto (a la empresa o al consumidor), este siempre se distribuye entre ambos; lo relevante para determinar la distribución del costo del impuesto es la elasticidad de la oferta o demanda. En este caso, dado que no existen muchos sustitutos para el transporte aéreo podemos asumir que la demanda es bastante inelástica y efectivamente el consumidor terminará absorbiendo buena parte del costo del impuesto, pero nunca todo).

En general, considero el hecho de que se empiece a imponer impuestos a las emisiones de carbono es algo positivo, ya que como explica la teoría, ello permite internalizar los costos ambientales que imponen éstas emisiones sobre los demás y además incentiva el desarrollo de nuevas tecnologías más limpias que reduzcan los niveles de emisiones actuales.

En esto debe reconocerse que la UE ha tenido un liderazgo; sin embargo, existe un problema particular que debe tomarse en cuenta:

Para que un impuesto de carbono sea efectivo, este debe aplicarse de forma pareja a toda la economía.

En este caso al aplicarse únicamente a la industria de las aerolíneas, ésta se encuentra ante dos potenciales situaciones de desventaja:

Por un lado, ésta debe asumir un costo extra que otras industrias no están asumiendo, por lo tanto queda en una desventaja competitiva.

Por otro, cuando el impuesto se aplica únicamente a las aerolíneas europeas o a las que vuelan sobre el espacio aereo de Europa, como en este caso, las aerolíneas de otros países tienen una ventaja competitiva sobre las europeas, ya que no deben asumir este costo.

Entonces debe resaltarse la importancia de la acción coordinada entre países para que el impuesto al carbono (y la lucha contra las emisiones de CO2) sea efectivo. De no ser así, existen este tipo de desventajas que dificultan su implementación. Y gran parte del problema de lograr esa coordinación se ha reflejado en el fracaso en las negociaciones entre los países de lograr un acuerdo para renovar el protocolo de Kyoto.

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